Michel Figuera
TARIFA. Hoy me está resultando especialmente duro ponerme delante del teclado a escribir esta columna. Por un lado, porque será la última en este magnífico medio de comunicarme con todos vosotros, con todos los que me habéis alentado a seguir haciéndolo cada semana; y, por otra parte, por haber podido cumplir con el compromiso y el reto personal que me propuso Hernán al confiar más que yo mismo en mi capacidad para hacerlo.
Hoy desaparece el sueño de un luchador que creyó, con total acierto, que todo pueblo o colectivo de personas libres ha de poseer una voz además de un voto.
Éste es el lujo que nos ha proporcionado a los habitantes de Tarifa nuestro vecino Hernán Urquiza, nacido en Argentina, donde se formó como periodista y donde aprendió el valor de la palabra escrita como medio fundamental para conocer y dar a conocer lo que realmente ocurre más allá del alcance de nuestra vista.
Él supo hacernos semanalmente dependientes de la llegada a las calles de nuestra ciudad de cada número de este periódico que nos ha permitido conocer, de primera mano y por escrito, lo ocurrido y por ocurrir en nuestra comarca, sin influencias políticas ni económicas, sin censuras ni cortapisas, simplemente informando y dando oportunidad a todas las partes a réplicas y contrarréplicas, como debe ser en democracia. Tarifa creció a ciudad y volverá a ser pueblo.
Hernán supo formar un equipo entusiasta de su proyecto, equipo que pasó no pocas penas para conseguir informar libremente sin ver afectada su vida personal. A veces no es fácil tener que informar sin verse inmerso en las reacciones que la propia información provoca y más aún en una población pequeña como la nuestra, donde todos nos conocemos. En una gran ciudad eres un informador con nombre pero no identificable fácilmente, aquí el trabajo periodístico es puro equilibrismo.
Tarifa pierde, no solo una empresa que daba trabajo; pierde un servicio público cuya importancia comenzaremos a notar la próxima semana cuando no lo encontremos en su lugar habitual y no podamos en veinte minutos saber todo lo ocurrido esa semana a nuestro alrededor, cuando no podamos ver las fotos de nuestros vecinos en sus viajes por el mundo, cuando no veamos qué pasó en nuestras playas, en nuestro Parque, en nuestro Puerto, en nuestro Pueblo. Tarifa quedará afónica porque habrá perdido su voz.
volver a Opinión
|