Mariluz Terán Santander
TARIFA. ¿De qué manera se puede escribir una columna sabiendo que será la última? Sinceramente, la única manera que se me ocurre es con la cabeza bien alta, la tinta bien fresca y el corazón bien caliente.
Y es que tratar de resumir estos dos años de duendecillos se hace, como poco, complicado... Son muchas las vivencias que se me vienen encima y demasiados los sentimientos que me empañan los ojos... Ya ven, desde la primera vez que pisé la redacción, allá por mayo de 2006, en la que salí siendo correctora oficial, hasta ayer mismo en la que estaba cerrando mi último Duende como si nada pasara, han llovido muchas emociones.
Yo me voy a permitir el lujo simplemente de agradecer. Porque, si bien es verdad que este trabajo me ha llevado a conocer la amenaza, el insulto, la zancadilla y el golpe dictatorial y poco ético, también es verdad que me ha regalado muchas disculpas y, por encima de todo, muy buenos momentos. Y como llegados a este punto lo importante es fluir, me quedo con el buen rollo y, además, me permito dar las gracias públicamente a todos aquellos que, cada viernes, han propiciado que este periódico semanal tuviera sentido y, sobre todo, sensibilidad.
Así que, gracias a todos con quienes he compartido este viaje. A Hernán porque me dio la oportunidad de crecer sin poner censura a mis palabras. A Shus, mi maestro, porque me llevó a rastras por las calles mientras me iba regalando conceptos a lo Lou Grant. A Iana, mi ojito derecho, porque la complicidad nos ha llevado a sentirnos más allá de la relación profesional. A mi tío Jesús por lo que vertió en mí de sangre escritora. A Vanessa porque, aunque no practicamos mucho inglés, sí nos quedó un buen poso de palabras y gestos. A David, porque me ha enseñado a navegar sin tan siquiera coger el mástil. A Joaqui porque con dos pinceladas me ha arrancado miles de sonrisas. A Annie porque confió en este loco proyecto del argentino. Y, por supuesto, a María, a Pilar, a Riikka, a Paqui porque, gracias a sus maneras de venderse, nos dejaron estar vivos100 números.
El Duende ha conseguido muchas cosas en su corta pero intensa andadura. La principal, sin duda, hacer que el pueblo hable, sienta, se queje... Hacer que el pueblo palpe los latidos del día a día y reivindique espacios de opinión... Hacer que el pueblo, cada viernes, buscara el periódico por las calles de Tarifa porque querían saber... Hacer que el pueblo comparta las verdades y las mentiras que salían desde la boca de algunos a los que, seguramente, este cierre les haga esbozar alguna sonrisa...
El Duende no se casó con nadie. Ni con el PSOE ni con el PP y por eso hoy cerramos las puertas, porque quien no tiene un primo... ya lo dice el refrán.
Pero, no nos pongamos estupendos, y sigamos con el capítulo de agradecimientos que, a fin de cuentas, es a lo que he venido.
Gracias a todos los que se acercaron a la redacción para contarnos sus historias y dejarnos darle forma en nuestras páginas. A nuestros compañeros y colegas de Radio Televisión Tarifa porque nos tendieron muchas manos. A Juan José Téllez porque nos descubrió que las noticias están en las tabernas (...Le hicimos caso, sí señor... ). Gracias a todos quienes han estado dispuestos a colaborar para que nosotros, los juntapalabras de El Duende, contáramos qué estaba pasando.
Gracias a estos dos años porque he conocido a gente que ya va conmigo para siempre. Gracias especiales al tapicero y a los bares de alrededor porque nunca nos dejaron reventar. Gracias a los duendes que nunca se nos fueron.
En el tintero se quedan muchos finales que contar, pero hicimos lo posible para que la información que le llevábamos se escribiera bajo dos premisas fundamentales: la objetividad y la honestidad. Sin parecer osada, me voy satisfecha. Muy satisfecha.
¡Ay, cuántas cervezas han sido cómplices de las noticias que se escapaban de los ordenadores para que cada viernes ustedes las leyeran en esas 20 páginas! ¡Cuántas noches en vela porque llegaba el jueves y el trabajo se acumulaba en el Quark!
Gracias, lectores, por dejarme estar dos años haciendo lo que más me gusta: escribir. Y gracias por hacerme sentir cada viernes que merecía la pena. Que el trabajo estaba bien hecho.
Seneca ya lo decía Todo concluye, pero nada perece. Hoy cerramos, sí. Pero ahí quedan nuestros 100 números. Ése es nuestro legado. Gracias, pues. volver a Opinión
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