Shus Terán Reyes
TARIFA. Son 100 números de apasionante trabajo. Casi cien partos gestados semanas tras semanas gracias al amor hacia su trabajo de unos profesionales del medio y la ayuda de incontables amigos, y por qué no decirlo, enemigos que de algún modo facilitaron nuestra labor periodística. Hoy es un día triste. Es esta una crónica triste, la de un adiós a una hermosa aventura que como la más pura y dura de las realidades quizás no haya tenido un final feliz. Sin embargo, queda la ilusión depositada, los cigarrillos consumidos, las risas, los enfados, las incontables llamadas telefónicas, las argucias periodísticas para sacar petróleo de lo que era un rumor. Nos queda el impagable recuerdo de una pequeña redacción a la que siempre faltó un meadero, -quizás fuese la excusa perfecta para una cerveza entre horas- y a la que siempre le sobró oficio.
Hacer un periódico semanal es fácilmente complicado de hacer cuando uno encuentra el equipo perfecto, y este equipo seguirá siendo por siempre el mejor equipo que El Duende pudo tener.
Muchas veces el periodista se enfrenta a la enorme encrucijada del folio en blanco. Muchas veces el periodista tiene que poner titulares que nunca quiso poner. Muchas veces el periodista no puede poner el titular que quisiera editar.
Pero tengo algo claro a raíz de mi paso no sólo por El Duende sino por cada parcela en la que me enfrenté al papel pasajero, que el periodista es un privilegiado por hacer lo que realmente le gusta hacer. Incluso haciéndolo en un pueblo.
Tengan, estimados lectores, de éste su periódico, que con mayor o menor acierto, la voluntad de El Duende ha sido siempre la de informar. Informar única y exclusivamente, sin ningún otro ánimo o empresa. Nunca esclavizados por presión ni política ni mediática ni de otro tipo. Con la verdad por delante le pesase a quien le pesase. Pues la información es información y no un pastel que cocinar al gusto de los implicados en los asuntos noticiables.
Gracias de veras a Hernán por haber confiado en mí para realizar su sueño que espero continúe pronto. Gracias a Annie por lo mismo. Gracias a Vanesa, por aguantar mis estupideces en inglés y descolgar mil veces el teléfono cuando ella estaba hablando. Gracias a Iana, por hacer su trabajo de manera profesional y calmada aún en tensos momentos. Gracias a todos los que de alguna manera estuvisteis en este barco. Y gracias a La Chica, por aguantarme como jefe en ocasiones y como compañero siempre. Por cederme su trabajo para realizar el mío y por descubrirme su increíble talento periodístico eclipsado por su verbo poético y literario. Gracias Mariluz por enseñarme a ser mejor periodista.
Gracias a mi maestro, que me enseñó que, a pesar de las dificultades, los problemas que nos pudiésemos acarrear, la verdad de la información está por encima de cualquier otra cosa y me enseñó además, que uno es mejor persona cuando es humilde y da a los demás, a pesar de no tener. Gracias a Mercedes por aguantar mil y una historia, acontecida, y horas y horas de dedicación al trabajo.
Gracias a cada uno de vosotros lectoras y lectores de El Duende, porque habéis sido la causa y el fin último de nuestro esfuerzo.
“El Duende está enseñando a leer a los tarifeños”, es quizás el piropo más bonito jamás oído por mis orejas acostumbradas más al reproche que a las felicitaciones y, además, tuvo su correspondiente explicación. La señora que me lo dijo me aseguró que El Duende estaba haciendo que hombres y mujeres que jamás habían tenido un contacto cercano con la lectura, disfrutaran cada viernes de la posibilidad que le brindaba el leer las noticias que suceden en su pueblo y además comprenderlas. ¡Qué bonito caramba! Tan sólo por ese piropo ha valido la pena perder el sueño más de una noche.
Espero y confío que pronto, podamos estar envueltos en otro proyecto de similares características en el que encontrarnos de nuevo porque como reza en nuestro eslogan El Duende es un lugar para todos, porque entre todos hacemos El Duende.
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